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viernes, 6 de mayo de 2016

Destinados al Mismo Camino, Capítulo 25:

----Narra Jesús----
Aquel era el día, estaba decidido, hablaría con Dani y después, improvisaría con lo que surgiera.
Habíamos quedado para hacer comida familiar por el cumpleaños de Álvaro, así que todos nos encontrábamos en el jardín de la casa del cumpleañero, esperando a que pusieran la comida sobre la mesa cuando Cristina se me acercó.
Cristina: ¿Por qué tan solo?
Jesús: Los mayores están hablando de sus cosas y me aburría-me encogí de hombros sin mirarla directamente a los ojos.
Cristina: Oye… ¿Por qué nunca me miras a los ojos cuando hablamos?
Jesús: Porque a mí…
Dani: Cris, mamá dice que si puedes ir.
Cristina: En un momento voy.
Dani: Ahora, ve.
Cristina: Voy-suspiró-. Después hablamos.
Yo asentí y la vi ir dentro de la casa, donde estaban nuestras madres con el resto de las chicas.
Dani: Jesús, sé lo que te pasa con mi hermana y, aunque me ha costado, lo asumo.
Jesús: Entonces…
Dani: No, no lo acepto-tragué saliva con dificultad ante su tono tan duro-. Jesús, quiero que te mantengas alejado de mi hermana.
Jesús: ¿Por qué?-Fruncí el ceño.
Dani: Sois muy pequeños para pensar en amores, en querer, en relaciones… Jesús, a vuestra edad es bueno que descubráis mundo, chicos o chicas que os gusten…  Pero nada de relaciones.
Jesús: No me entiendes-bajé la mirada.
Dani: Te entiendo más de lo que piensas, he tenido tu edad y he estado enamorado de la misma chica, pero es ahora cuando estamos formalizando lo nuestro y ve cómo se ha puesto su padre porque no lo asimila del todo, aún me mira raro y llevamos mes y medio juntos.
Jesús: Pero yo…
Dani: Entiendo que no estás en mi situación, que quizás tú tengas las cosas más fáciles con mi padre, pero no conmigo, no voy a dejar que tengáis una relación a vuestra edad. Lo siento.
Puso una mueca y se fue hacia otro lado. Yo suspiré y me tragué el coraje, no me entendía, ni siquiera me había dejado hablar.
Mayte: Jesús, a comer.
Fui y me senté donde me dejaron, Dani había sido muy amable en dejarme una silla libre entre mi hermano y Nuria. La comida fue silenciosa por mi parte, a pesar que brindaron por la canción que había terminado por componer Javier, bueno, la letra, pero el tío lo había hecho solo y eso tenía mérito, había que reconocerlo.
Después de la tarta, nos despedimos para irnos, al día siguiente había clase y tendríamos que madrugar. Al llegar a casa, me fui directamente a mi habitación a estar solo o al menos lo intenté, ya que mi hermano entró detrás de mí.
Rubén: ¿Qué mosca te ha picado, enano?-Se burló.
Él no tenía la culpa de nada, pero por bocazas se lo llevó.
Jesús: Estoy cansado, agobiado, ser el más pequeño es un puto asco, nada bueno te pasa a ti y menos te dejan vivir porque quieren imponerte lo que todos quieren-grité.
Rubén: ¿Qué te ha pasado?
Jesús: Que estoy cansado de que los mayores queráis hacer con los pequeños lo que vosotros querías, eso me ha pasado-empecé a dar vueltas por mi habitación, como un león enjaulado.
Mayte: ¿Qué pasa?
Rubén: No lo sé, mira cómo está.
David: Jesús, ¿qué te pasa?
Jesús: Que estoy harto de ser el más pequeño, papá, eso me pasa.
Y ya no pude evitarlo más, me eché a llorar y le di una patada a la cama de pura impotencia. Mi madre se me acercó y me abrazó mientras pasaba su mano por mi espalda, intentando tranquilizarme y lo consiguió.
Mayte: Ahora cuéntanos qué te ha pasado, cielo.
Asentí mientras nos sentábamos en la cama, mi hermano en la silla de mi escritorio y mi padre se quedó echado sobre el marco de la puerta con los brazos cruzados.
Jesús: Me gusta una chica, pero me tengo que mantener alejado de ella porque soy muy pequeño para pensar siquiera en quererla.
Mayte: ¿Quién te ha dicho eso?
Rubén: ¿Es la misma chica de la que me hablaste hace meses?-Yo asentí y mi hermano puso una mueca- Lo siento tío…
David: ¿Quién es esa chica?
Jesús: Cristina Fernández, la hermana de Dani.
Mayte: Mi hijo ha sacado el buen gusto de su padre escogiendo mujeres-dijo mi madre pícara haciéndonos reír.
David: Lo sé-le dio un beso a ella y después se agachó frente a mí-. Es duro, colega, yo tampoco lo tuve fácil con tu madre porque primero me negué yo a aceptar que me gustaba y después ella me complicó un poco la cosa no queriendo aceptarme a la primera, pero eso no quiere decir que tengas que pasar por lo mismo que yo-carraspeó y continuó-. Conozco a Dani desde que llevaba pañales, es de cabezón como su puñetero padre y tiene un corazón de oro pero, como estoy seguro de que ha sido él el que te lo ha dicho, tengo que añadir que es un metido.
Mayte: David…
David: Mayte, por muy hermano suyo que sea, no tiene el derecho de decidir por su hermana, ¿qué hubieras hecho tú si tu hermano te hubiese impedido estar conmigo?
Mayte: Liarla gorda.
David: Te propongo algo, voy a hablar con Dani, el padre-añadió antes de que pudiera quejarme-. No le voy a decir nada, simplemente que cuide la sobreprotección de su hijo frente a Cristina, puede hacerle más mal que bien a la larga. Tiene que comprender que es su hermana, pero que está creciendo y es normal que con vuestra edad vuestras hormonas empiecen a haceros fijaros en los chicos y chicas a vuestro alrededor y me parece genial que justo haya ido a gustarte Cristina, es casi mi sobrina y la adoro, sobre todo porque su madre es como mi hermana y, por suerte, su hija ha salido a ella.
Rubén: Pero Dani no va a dejarlos estar solos siquiera, me lo ha dicho.
David: A ver, tu hermano tiene catorce años y ella los cumple a final de año, son los más pequeños de la familia, pero poco les queda ya de niños-dejó de mirar a mi hermano para mirarme a mí-. Yo tampoco voy a dejar que os metáis en una relación a esta edad, pero por un motivo diferente, si empezáis y en dos días os aburrís, va a quedar una situación incómoda en la familia, pero te prometo que si en cuatro años, sigues queriendo estar con ella, de manera formal y ella siente lo mismo, yo mismo te organizo una cita.
Jesús: ¿Por qué cuatro años?
David: Es cuando comenzamos a tener claro si queremos de verdad a la persona indicada.
Jesús: Pero Lucía tiene dieciséis. ¿Y Lucas y Nuria?
David: Lo sé, pero ella es mujer y las mujeres… Necesitan menos tiempo. Lo de Lucas y Nuria se verá con el tiempo, no te compares con nadie, sé tú mismo. Yo no quiero que  terminen señalándote porque por tu inmadurez se ha liado. Quizás tú tengas las cosas más claras que los mayores, pero demostrarás ser más maduro, si logras esperar y conseguir tu objetivo cuando nadie pueda decir nada.
Mayte: Qué filósofo.
Mi madre le dio un empujón y mi padre terminó tirado en el suelo, acabamos los cuatro riendo y mi madre volvió a abrazarme.
Mayte: Si ella es para ti, siempre va a estar ahí, no te preocupes, pastelito mío-me llenó la mejilla de besos.
David: Llevo meses esperando que me vuelvas a llamar pastelito sin éxito y ahora se lo dices a tu hijo sin pensarlo-protestó.
Mayte: Es mi pequeño, claro que se lo voy a decir cada vez que me apetezca.
David: Vas a conseguir que me ponga celoso de mi propio hijo-le entrecerró los ojos.
Mayte: Ese es tu problema, no el mío-se encogió de hombros.
Mi padre se levantó del suelo y cogió a mi madre por la cintura, echándosela al hombro. Mi hermano y yo comenzamos a reír y mi madre a protestar mientras intentaba que mi padre la bajara.
Mayte: David, te voy a matar.
David: ¿Quién se viene a echar unas canastas conmigo?
Rubén y Jesús: ¡YO!
Bajamos las escaleras detrás de mi padre que seguía con mi madre al hombro. Al llegar abajo, mi padre bajó a mi madre y la sujetó por la cintura.
David: Chicos, salid, yo ahora voy.
Rubén fue a por el balón, así que me quedé medio escondido para ver qué hablaban mis padres.
Mayte: Cualquier día de estos vas a acabar conmigo, petardo.
David: ¿Sabes que eres la mejor decisión que he tomado en mi vida?
Mayte: Y tú la mía, pastelito-le sonrió y lo abrazó-. Te quiero muchísimo.
David: Y yo a ti, mi pastelita.
Y se besaron. Sonreí y salí fuera con mi hermano a meter canastas hasta que salió mi padre y jugamos un partido de dos contra uno, en el que ganamos mi hermano y yo.
----Narra Cristina----
Estaba en el patio cuando vi pasar a Jesús con un par de chicos de nuestra clase, puse una mueca y bajé la mirada, el día del cumpleaños de Álvaro al final no pudimos acabar de hablar y en el de Blas pasó olímpicamente de mí y me tenía poco menos que mosqueada, ya que ni en clase decidía mirarme a la cara. ¿Qué podría haberle pasado? ¿Le habría hecho yo algo para que estuviese así conmigo?
Lucía: Hola enana-me abrazó y me dio un beso en la mejilla.
Nuria: ¿Qué te pasa, pequeña?
Cristina: ¿Vosotras sabéis si le pasa algo a Jesús?, lleva semanas sin mirarme siquiera.
Lucía: ¿Has intentado hablar con él?
Cristina: Casi cada día, pero siempre consigue darme esquinazo.
Nuria: ¿Te gusta el pastelito junior?
Cristina: Creí que era obvio…
Lucía: No tanto, a él se le nota más.
Nuria: Lu, se supone que ella no debería saberlo.
Cristina: Si se supone que le gusto, ¿por qué pasa de mí?
Lucía: Eso debes preguntárselo tú, nosotras no sabemos nada.
Asentí, pero algo me decía que ellas sabían más de lo que decían. Decidí que ese mismo día iría a hablar con él, quisiera o no, aunque tuviera que pasarme todo el día detrás de él, me daba igual, lo iba a averiguar y punto.
Dejé a las chicas y me fui hacia él, que estaba en un rincón con un grupo de chicos.
Cristina: Jesús, ¿podemos hablar?
Jesús: Ahora no puedo.
Cristina: Me da igual, ven.
Lo cogí de la mano y tiré hasta estar apartados de sus amigos y le miré con el ceño fruncido y los brazos cruzados.
Cristina: ¿Puedes decirme por qué llevas semanas pasando de mí?
Jesús: No paso de ti, sólo no se ha dado la oportunidad de hablar entre nosotros-se encogió de hombros.
Cristina: No mientas, me esquivas, me dejas con la palabra en la boca, te inventas excusas ridículas para irte… ¿Quieres decirme qué te he hecho?
Jesús: No me has hecho nada, solamente ahora estoy con otros amigos.
Cristina: ¿Es eso? ¿Ya no quieres estar conmigo?-Se me aguaron los ojos.
Jesús: Yo sí quiero estar contigo, pero no podemos.
Cristina: ¿Por qué dices eso?-Lo miré a los ojos.
Jesús: Por nada, no me hagas caso.
Cristina: Está bien, es tu decisión y la respeto-murmuré cabizbaja.
Jesús: Gracias-se giró y se fue.
Y yo me eché a llorar.
Aquella tarde, se lo conté a mis padres y mi madre me abrazó y me llenó de mimos, aunque lo único que necesitaba era despertar y que todo hubiese sido una pesadilla.
Dani P: Si quieres voy a hablar con David o con Jesús.
Cristina: No-sorbí por la nariz-. Déjalo estar, si él no quiere ni ser mi amigo, da igual.
María: Cielo, no te da igual y queremos que estéis todos bien.
Cristina: Pero no se le puede obligar a querer a quien no se quiere.
Dani P: Mi pequeña se está haciendo mayor-me dio un beso en la cabeza.
Me dejé acurrucar por él también y al poco rato llegó mi hermano, que nos miró extrañado.
Dani: ¿Qué pasa?
María: Tu hermana ha tenido su primer desengaño amoroso.
Dani: ¿Cómo?-Frunció aún más el ceño.
Cristina: Jesús no quiere estar conmigo.
Dani: Es obvio, sois muy pequeños aún.
Dani P: Se refiere como amigos, Dani, y no tiene nada de malo si empiezan a gustarse.
Dani: Claro que sí, yo se lo dije y me alegra que me haya hecho caso.
María: ¿Que le dijiste qué?
Dani: Solo hablamos que son los más pequeños.
María: Dani…
Dani: Es la verdad, solo tienen catorce y trece años.
Cristina: En un mes cumplo catorce.
Dani: Pero sigues siendo pequeña para pensar en esas cosas.
María: Daniel habla ya-puso los brazos en jarra.
Dani: No sé qué quieres que te diga, solo fue una conversación inocente.
María: Daniel, me da igual que seas mayor de edad, sigues viviendo bajo el mismo techo que nosotros y, como no sueltes ahora mismo qué fue lo que le dijiste a Jesús, me temo que Lucía va a dejar de verte por un tiempo.
Dani: ¿Qué? ¿Por qué?
Dani P: Porque vas a estar castigado sin salir, de casa a la universidad y de la universidad a casa, sin fines de semana que valgan.
Dani: Pero…
María: Mientras más tardes, más tiempo vas a pasar sin ver a tu princesita, suéltalo ya.
Dani: Solo le dije la verdad, que son muy pequeños para pensar siquiera en amor, ¿qué van a hacer a esta edad?, mi hermana no puede tener novio todavía.
María: Dani, dame el móvil-le hizo caso un poco extrañado-. Muy bien, ahora ve a tu habitación, tu padre irá luego a por la play y el ordenador.
Dani: ¿Por qué?
María: Para que tengas tiempo de reflexionar en lo que has hecho, sé muy bien la edad que tiene tu hermana y que una relación a esta edad es probable que dure como mucho dos semanas, pero no te has parado a preguntarle lo que le pasa o lo que ella quiere. No tendrá edad para novios, pero tiene edad para poder decidir qué quiere por ella misma.
Dani: Pero mamá…
María: No quiero protestas ni excusas, Dani, no me valen. Ahora, por favor, vete a tu cuarto.
Mi hermano resopló y subió las escaleras hacia su habitación. Miré a mi madre y ella volvió a dejarse caer a mi lado.
Cristina: No deberías haberlo castigado-me sequé un poco las lágrimas.
María: Cris, él está viviendo su vida como quiere, ni siquiera le importó preguntar antes de meterse en la separación de tu padre con los chicos, tampoco le importó la opinión de alguien antes de empezar una relación con Lucía, que no venga ahora a tratar de organizar tu vida.
Dani P: Ese derecho solo lo tienes tú, pequeña-me besó la cabeza antes de levantarse-. Voy a hablar con él.
María: Deberías esperar un poco.
Dani P: Quiero que explote, a ver si me dice la verdadera razón para que se meta en la vida de su hermana.

Subió las escaleras y nos dejó a las dos en el sofá, yo acurrucada, pensando en todo y nada a la vez. Quizás mi hermano tuviera razón y yo aún fuera pequeña para una relación, pero si me había empezado a enamorar de Jesús… ¿Qué culpa tenía?

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2/2 Espero que os hayan gustado!!
No seáis muy duras con mi pequeño... aún, en el próximo se verán sus razones. Nos leemos la semana que viene. Os quiero!

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