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domingo, 27 de agosto de 2017

Destinados al Mismo Camino, Capítulo 30:

Años después…

----Narra Cristina----
Me encontraba en mi habitación, guardando algunas cosas cuando tocaron a la puerta abierta, me giré y le sonreí a mi madre.
María: No puedo creerme que mi pequeña ya se haya graduado.
Cristina: Tengo que crecer.
María: Aún siento como si fuera ayer cuando supe que estaba embarazada de ti y les di la alegría del siglo a tu padre y tu hermano.
Cristina: Y a final de este año cumpliré veintidós.
María: Pronto comenzarás a vivir independiente, nos presentarás a tu novio o a lo mejor Dani se presenta con la noticia de un nieto.
Cristina: Para tu nieto creo que aún falta bastante y lo de mi novio está aún muy verde, ni siquiera tengo.
María: ¿Qué ha pasado con aquel chico que te gustaba tanto?
Cristina: ¿A quién te refieres?
María: Ese por el que estabas loquita con tan solo trece años.
Cristina: ¿Es posible que alguien solo pueda enamorarse una vez en su vida?
María: Por supuesto, pero sólo si es de la persona correcta.
Cristina: Tengo mis dudas… Sin embargo, y para mi mala suerte, no he conseguido olvidarlo-suspiré dejándome caer sentada en mi cama-. Es como si tuviera dormidos mis sentidos  y no pudiera sentirme atraída por alguien más.
María: Conozco esa sensación, cariño, es como ir caminando por la vida con solo la mitad de tu ser.
Cristina: Me siento desorientada, he terminado una carrera, este verano he asistido a tres entrevistas de trabajo y hasta he hecho amistades nuevas, pero no me siento completa.
María: Porque es un ciclo de tu vida que no has logrado cerrar, es como si cargaras con algo muy pesado mientras intentas continuar caminando.
Cristina: Y solo hay una forma de cerrar ese ciclo de mi vida, ¿verdad?
María: Así es-me acarició el pelo-. Sé que serás capaz de hacerlo, eres una chica fuerte y decidida.
Cristina: No me siento así cuando pienso en él.
María: Porque estás enamorada y te da miedo lo que pueda ocurrir.
Cristina: Eres la mujer más sabia que conozco.
María: Soy tu madre y estoy programada para decir las cosas que te hagan sentir bien-me abrazó-. Te quiero mucho mi pequeña.
Cristina: Y yo a ti, mamá.
Dani: ¡¿Dónde está todo el mundo?!
Reí al escuchar el grito ofuscado de mi hermano.
Cristina: Ya llegó por quien suspirabas-me burlé.
Ella rió y bajó corriendo al encuentro de su pequeño. Inspiré hondo y tomé una decisión, era hora de empezar a cerrar puertas para poder seguir hacia delante.
Mi momento de relax me duró hasta que el huracán rubio que era mi hermano entró en mi habitación y me aplastó contra la cama.
Dani: No me ha gustado la bienvenida, enana.
Cristina: No te idolatro como tu novia o tu madre, así que olvídate de la idea de que salga corriendo a tu encuentro-murmuré lentamente-. Has engordado, pesas más que la última vez y me vas a aplastar.
Dani: La última vez que me viste fue ayer-me entrecerró los ojos mientras se levantaba.
Cristina: Pues eso-me encogí de hombros tomando una honda respiración, de forma exagerada por supuesto-. Anda, dame un abrazo, hermanito.
Alcé los brazos y él rió por lo bajo mientras me abrazaba y me levantaba del suelo.
Dani: ¿Qué tienes pensado hacer como recién graduada?
Cristina: Celebrarlo, por supuesto.
Dani: Con precaución.
Cristina: Puedes estar tranquilo, papá-rodé los ojos.
Dani P: ¡Dani, baja a verme!
Dani: Hablando de Roma…-se burló por lo bajo-. ¡Sube tú, viejo!
Dani P: ¡No te pases!
María: ¿Podéis dejar de gritar?
Cristina: Tú también estás gritando.
Al final decidimos bajar y pasamos un buen rato entre risas, adoraba a mi familia, era lo mejor de mi vida y estaba muy agradecida por ello.
Dani: ¿Ya te has quedado pensando en tu chico?-Me pichó mi hermano.
Cristina: Yo pienso en el amor de mi vida todos los días-me giré hacia mi padre-, te quiero mucho papá.
A mi padre le brillaron los ojos y me abrazó fuerte, permanecí acurrucada contra su pecho, porque no importaba que tuviera veintiún años, los abrazos de mi padre eran mis favoritos y nunca prescindiría de ellos.
María: Toma, Dani-le tendió un pañuelo.
Dani P: ¿Qué tengo?
Dani: Estás a punto de babear a Cristina-se burló y nuestra madre rió-. Qué tierna escena.
Cristina: ¿Dónde está tu princesita hoy?
Dani: Trabajando, estoy haciendo tiempo antes de ir a recogerla.
María: Espero que no os olvidéis de que hay quedada el sábado.
Dani: ¿Qué se celebra esta vez?
Cristina: Es el cumpleaños de Jesús.
Dani P: Ni siquiera lo  has dudado-rió.
Cristina: No puedo evitarlo-me encogí de hombros-. En fin, he quedado con las chicas y me estarán esperando ya.
María: Dale recuerdos a todas.
Cristina: Lo haré.
Les di besos en las mejillas a los tres y salí a la calle tras colgarme el bolso en el hombro. Realmente no había quedado con nadie, pero mi madre me había dado una idea y necesitaba llevarla a cabo antes de acobardarme lo suficiente como para dar marcha atrás.
Era la primera vez que estaba allí, pero me sabía la dirección como si fuera la mía. Toqué en el telefonillo y esperé a que me respondiera.
Jesús: ¿Sí?
Cristina: Hola…
Jesús: Em… Sube.
Parecía un tanto asombrado y no era para menos, ni yo misma sabía exactamente qué era lo que estaba haciendo allí, pero ya no había marcha atrás. El ascensor fue bastante rápido y él me esperaba en su puerta abierta.
Llevaba unos pantalones de baloncesto y una camiseta sin mangas dos tallas más grandes, con el pelo despeinado y descalzo.
Cristina: Hola.
Jesús: Hola… Am… Pasa.
Se hizo a un lado y entré, observando todo a mí alrededor. Era un apartamento bastante espacioso e iluminado, con un gran ventanal, un sofá, un par de sillones de una sola plaza y una pantalla de plasma con un partido de baloncesto a la mitad del juego. No había nada por medio y el salón estaba bastante limpio.
Cristina: Siento si te molesto…
Jesús: Es solo que me has pillado un poco por sorpresa, mi madre se fue hace un rato y no esperaba a nadie.
Cristina: Y mucho menos a mí.
Jesús: ¿Por qué no debería esperarte a ti?
Cristina: Después de tantos años ignorándome yo también me habría extrañado si te hubiese visto en mi puerta.
Jesús: Primero, no estoy extrañado, sino sorprendido; y segundo, no he estado ignorándote, simplemente he permanecido a un lado.
Cristina: ¿Por qué?
Jesús: Esperando y preparándome.
Cristina: Odio ser repetitiva, pero ¿para qué?
Jesús: Pronto lo sabrás.
Bufé y negué con la cabeza, pasándome una mano por el pelo, aquello iba a ser más difícil de lo que pensaba…
Jesús: Siéntate, ¿quieres tomar algo?
Cristina: No, gracias, voy a tardar muy poco-suspiré-. Acabo de graduarme, he tenido varias entrevistas de trabajo y necesito encaminar mi vida hacia delante pero no puedo porque hay algo que me retiene hacia atrás.
Jesús: ¿Y has venido a hablar conmigo porque tengo que ver yo con eso que te retiene?-se apoyó en el respaldo del sofá.
Cristina: He venido a hablar contigo porque eres tú quien me retiene de seguir adelante-él me miró atónito-. Me resulta chocante que te sorprendas, como si no supieras lo que siento por ti desde que teníamos trece años, por favor, si hasta nuestros padres se dieron cuenta.
Jesús: Yo…
Cristina: Solo vengo a decirte que, a pesar de haberte estado esperando todos estos años, ya no puedo hacerlo más. No porque hayas dejado de gustarme, es obvio que aún siento algo por ti, de otro modo no estaría aquí, pero… Necesito cerrar esta etapa y seguir adelante, conocer a alguien y quizás volverme a enamorar-me encogí de hombros-. Siempre serás mi primer amor, pero necesito algo más que miradas a hurtadillas desde un rincón.
Y salí del apartamento con una sensación extraña apoderándose de mi corazón.

----Narra Jesús----
Y tú siempre vas a ser el mío… El único.
Quizás ella sintiera que, al cerrar la puerta de mi apartamento, había cerrado esa puerta metafórica de su pasado, pero no se había dado cuenta de que yo había puesto el pie para dejarla abierta. Miré mi teléfono y sonreí al ver un mensaje.
Marta: Va a matarme como se entere, así que trata de ser discreto, por favor…
Jesús: No te preocupes, cuñadita, no le diré quién ha sido mi fuente, ahora cuéntame
Marta: Acaba de decir por el grupo que va a ir a tu cumpleaños, así que hemos quedado para ir a comprar qué ponernos todas juntas mañana por la tarde, después de que Lucía salga de trabajar
Jesús: Gracias cuñada, te debo una
Marta: No lo olvidaré
Me tiré en el sofá y le escribí a Dani un rápido mensaje para quedar al otro día por la tarde en casa de sus padres, necesitaba hablar con ellos de algo importante y esperaba que no le comentaran nada a Cristina.
Al otro día, en cuanto Marta me envió un mensaje avisándome de que ya estaban todas las chicas en el centro comercial, me puse camino de casa de Dani y María, tardé una media hora en la que medité lo que iba a decirles.
Me abrió María con una sonrisa, un poco asombrada, pero me dejó pasar con su amabilidad de siempre.
Dani P: Hola.
Jesús: Hola-le estreché la mano-. Debo deducir que Dani no os ha dicho nada.
María: Debería haber llegado y comentado qué es lo que ocurre, pero, como siempre, se retrasa.
Dani: Ya estoy aquí.
María: ¿Qué vais a querer beber, café o refresco?
Los tres pedimos refrescos y ella fue hacia la cocina para traer vasos y algunos refrescos y zumos en una bandeja que dejó sobre la mesita pequeña delante de nosotros. El matrimonio estaba sentado frente a mí, Dani se sentó a mi lado y todos esperaron pacientes a que me decidiera a hablar.
Jesús: Doy por hecho que sabéis que me gusta vuestra hija desde que teníamos trece.
Dani P: Eso es cierto-sonrió-. Y que ese sentimiento aún sigue vivo también lo sabemos.
Jesús: Mi padre me dijo que era preferible que esperara a que cumpliera dieciocho para hablar con ella en vez de insistir y acepté marcando cada día en el calendario, contando uno a uno los días que me quedaban para cumplirlos y poder declararme.
Dani: ¿Por qué no lo hiciste?-Preguntó curioso-Esperaba que hablarais en cuanto yo me disculpé por la idiotez que había cometido.
Jesús: Porque maduré de golpe, el día anterior a mi cumpleaños estuve pensando en lo mucho que quería estar con ella y me di cuenta de que no tenía nada que ofrecerle.
Dani P: Nunca se tiene suficiente que ofrecer, Jesús.
Jesús: Lo sé, pero yo quiero tener con ella lo que tienen mis padres, o lo que tenéis vosotros, Mireya y Blas, Judith y Álvaro o Ana y Carlos-me froté las manos, nervioso-. Quiero tener una base donde ella pueda establecerse y, a partir de ahí, construir nuestro futuro, ya tengo todo eso, el sábado cumplo veintidós, me han contratado en un estudio de arquitectura y pago un apartamento con mi propio dinero, ahora estoy listo para ser el hombre que ella necesita y me gustaría saber que cuento con vuestro apoyo.
María: Es muy dulce por tu parte querer nuestro visto bueno, cariño, pero solo Cristina es quien puede dártelo, es su vida y su futuro y ella será quien decida. Nosotros estaremos de acuerdo con lo que ella escoja-me sonrió-. Aunque no te voy a negar que me encantaría que tú fueras nuestro yerno.
Dani: Yo prometo no meterme en vuestras decisiones de nuevo.
Jesús: Gracias.
María: Dame un abrazo, anda.
Reí mientras me levantaba y me dejaba abrazar por quien, esperaba, sería mi suegra.
El sábado por la mañana pasó más rápido de lo que esperaba, me sentía nervioso, pero estaba muy seguro de lo que iba a hacer, aunque no hubiese pensado demasiado lo que iba a decir, me bastaba con saber qué era lo que quería decir.
Llegué el primero a casa de mi madre, me iban a celebrar el día con una barbacoa para la cena.
Mayte: Mi pastelito-me abrazó y me llenó de besos las mejillas-. Felicidades, cariño.
Jesús: Gracias mamá.
Abracé a mi padre y fui a ayudarle a preparar la barbacoa mientras mi madre preparaba otras cosas en la cocina.
David: Dani me ha dicho que fuiste a hablar con ellos ayer.
Jesús: Qué rápido corren las noticias, espero que ella aún no lo sepa.
David: Solo me lo contó a mí, creo que fue más por hacerme saber el hijo tan maduro y responsable que tengo.
Jesús: Pelota.
David: Procura no meterte demasiado con tu suegro.
Jesús: Me refería a ti-me burlé-. Ahora tengo que hacerle la pelota a Dani.
David: Idiota-me dio una colleja-. Has demostrado lo mucho que vales y lo que quieres a Cristina, ninguno de nosotros habría aguantado tanto.
Jesús: Aún no me explico como he podido esperar tanto, pero creo que lo que no me ha detenido ha sido el querer ser un hombre para ella.
David: Enhorabuena, hijo, lo has conseguido y estoy muy orgulloso de ti-me dio un apretón en el hombro.
Jesús: Gracias papá.
Mayte: ¡JESÚS!
David: Ve a ver qué le pasa.
Reí y entré al salón por la puerta de la terraza, encontrándome a Carlos con su familia y a mi hermano y mi cuñada hablando con mi madre.
Jesús: Aquí estoy.
Todos vinieron a felicitarme y a darme sus regalos, los abrí entre risas, por un momento volví a ser un niño ilusionado abriendo paquetes bajo la atenta mirada de mi familia.
En media hora más, ya todos se encontraban en el jardín de casa de mis padres, padres, hijos, yernos y nueras, entre todos éramos veinticinco personas y formábamos bastante alboroto sin siquiera proponérnoslo. Me giré un momento y vi a Cristina salir de la casa, por lo que aproveché para acercarme a ella, estaba tan guapa con aquel vestido blanco y su pelo recogido en una coleta…
Jesús: Hola-me detuve frente a ella.
Cristina: Hola.
Jesús: Eres la única que no me ha felicitado con un abrazo o un beso.
Cristina: Nunca nos hemos dado un beso y no sé por qué deba empezar a hacerlo ahora-se cruzó de brazos.
Jesús: Porque quizás no quiera dejarte cerrar nuestra puerta.
Cristina: ¿Por qué?
Jesús: Porque eso significaría tener que obligarme a dejar de sentir lo que siento por ti y me niego a hacerlo.
Cristina: ¿Qué sientes?
Mayte: ¡A la mesa!
Jesús: Esta noche lo sabrás.
Tomé su mano y nos guié hacia la gran mesa que habían fabricado nuestros padres para poder sentarnos todos juntos. Me coloqué en una de las cabeceras de la mesa y Cristina lo hizo a mi derecha, todos nos miraban entre curiosos y divertidos, pero hasta más tarde nadie sabría nada.
Cerca de las once decidieron ponerme la tarta y me cantaron el cumpleaños feliz, pedí un deseo antes de soplar las velas y partí la tarta con ayuda de mi madre y Cristina.
En cuanto vi que todo el mundo había acabado la tarta y que seguían hablando entre ellos, decidí que la hora había llegado, apenas quedaban unos minutos para que acabara el día y Cristina no había dejado de mirarme de reojo en toda la noche, mientras que Marta había estado intentando mandarme señales con sus ojos y gestos con la cabeza.
Jesús: Familia, ¿podéis escucharme?
Solo conseguí la atención de los que más cerca de mí estaban, el resto seguía a lo suyo, respiré hondo bajo la mirada divertida de mi hermano mientras me levantaba y grité:
Jesús: ¡POR FAVOR!
Conseguí que todos se callaran y me miraron, extrañados por mis formas, pero me dio igual, necesitaba que todos me escucharan.
Jesús: Gracias, me gustaría decir algo.
Mayte: ¿Qué pasa, cariño?
Me aclaré la garganta y paseé mi mirada por todos y cada uno de los integrantes de mi familia, iba a desnudarles mi alma y, lejos de sentirme nervioso, me sentía con el coraje suficiente para hacerlo.
Jesús: Hace ocho años me fijé en una chica por primera vez, algo así como mi primer flechazo, algo a primera vista el primer día de instituto. Adorable ¿verdad?-pregunté retóricamente-Pues cuando se supo quién era esa persona no se me dejó acercarme a ella de forma emocional, ni hablarle sobre mis sentimientos, era algo así como una chica prohibida para mí-reí sin ganas-. Pensaron que al tener trece años me sería fácil olvidarme de ella y seguir con mi vida de adolescente-me giré hacia Cristina y fijé mi mirada en la suya-. Si no he podido hablarte sin tartamudear, de temblar si permanecía mucho rato a tu lado o he estado mirándote a hurtadillas desde un rincón ha sido porque me gustas desde que nos conocimos aquel primer día de instituto, cuando nos cruzamos en la puerta y me sonreíste cuando te dejé pasar primero. No te dije nada porque con trece o catorce años se es muy pequeño para pensar en novias, así que me callé-bajé un momento la mirada-. Mi padre me aconsejó que esperara a cumplir dieciocho, que entonces sería más maduro y nadie podría decirme nada si tú querías estar conmigo también-volví a mirarla, ella no apartaba sus ojos de mí, retorciendo sus manos de forma nerviosa-. El día antes de cumplir dieciocho decidí que no tenía nada que ofrecerte y tomé la decisión de madurar y poner metas en mi vida que cumplir para poder ser el hombre que tú necesitaras, ese del que tú te sintieras orgullosa sin tener en cuenta que tú podrías no sentir lo mismo por mí o no querer estar conmigo, al fin y al cabo nos hemos criado como primos.
Me di cuenta de cómo apretaba los dientes y desvió la mirada hacia su regazo, me agaché a su altura y busqué sus ojos, quería decirle aquello mirándola directamente y que ella me mirara también para que viera que era verdad, que era mi corazón el que hablaba por mí.
Jesús: A día de hoy tengo una carrera, un trabajo y un apartamento que pago de mi propio bolsillo, he conseguido una estabilidad que necesitaba para poder hablar contigo-sostuve sus manos entre las mías-. Quería decirte todo esto delante de nuestra familia y también que supieras que ya no queda nada de aquel niño de trece años al que le gustabas, delante de ti, Cristina, tienes a un hombre de veintidós que te ama-escuché los jadeos y exclamaciones alrededor de mí, pero solo pude ver las dos lágrimas que bajaron por sus mejillas-. Durante ocho años no he querido dejar de hacerlo y ahora ya no puedo porque te amo cada día más.
Permaneció, al menos, durante un minuto mirándome a los ojos antes de sonreír aun entre lágrimas e inclinarse para abrazarme.
Cristina: Yo también te amo.
La rodeé con mis brazos y sonreí emocionado, al fin me sentía completo. Me separé un poco de ella y rocé mi nariz con la suya antes de dar el paso y besarla. Sabía que no era su primer beso, ni ella el mío, pero estaba seguro de que seríamos el último primer beso del otro.
Terminamos separándonos entre risas por el escándalo que estaba formando nuestra familia. Me levanté y le di mi mano para que se levantara ella también, nos despedimos de todos y salimos de casa de mis padres, después de haberme declarado delante de todos, me apetecía tener un poco de intimidad con mi chica. Qué bien sonaba, mi pecho se inflaba ante esas dos palabras, mi chica.
Llegamos a un parque y paseamos de las manos.
Cristina: Parecías muy seguro, como si supieras que iba a decirte que sí, ¿qué habría pasado si te hubiese dicho que no?
Jesús: Una parte de mí siempre ha sabido que estábamos destinados al mismo camino, la otra nunca lo ha puesto en duda y ha planificado todo esto.
Cristina: ¿Destinados al mismo camino?
Jesús: Sí, yo siempre he estado destinado a enamorarme de ti y tú a enamorarte de mí.
Cristina: ¿Cómo has estado tan seguro tantos años?
Jesús: Creo en el destino y en que nuestro amor sería lo suficientemente fuerte como para aguantar.
Cristina: Siempre has sido el chico que yo necesitaba, independientemente de tu carrera, tu trabajo o tu apartamento, pero gracias por madurar y crecer por mí. Eres increíble y te amo.
Jesús: Yo también te amo, pequeña.
Cristina: Mi pastelito-rió.
Sonreí y le acaricié la mejilla antes de besarla, sintiéndome completo, ya nada nos detendría de escribir nuestra propia historia porque nuestros caminos estaban destinados a ser uno solo incluso desde que nuestros padres se conocieron muchos años atrás.

FIN



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Y se acabó, quiero terminar con un epílogo que espero subir pronto, así que espero vuestros comentarios, si aún queda alguien por aquí.

Luego voy a cerrar el blog, google me da más problemas, podéis encontrarme en Wattpad bajo el user de Piitufina.

Muchísimas gracias por tantos años de apoyo y leídas, aunque realmente no sé si quede alguien. Besos.

viernes, 23 de junio de 2017

Destinados al Mismo Camino, Capítulo 29

----Narra Clara----

Estaba en casa, tirada en el sofá leyendo un libro con las piernas sobre el regazo de mi padre cuando tocaron el timbre.

Ana: ¿Podéis abrir?

Carlos: Voy.

Me tiró del pie y me quejé sin levantar la vista, me encontraba en la parte más interesante. Mi padre volvió a tirar de mi pie, así que los bajé de su regazo y seguí leyendo, pero él me quitó el libro.

Clara: ¡Papá!

Carlos: Ve a abrir.

Clara: Tú has dicho que irías, cumple tu palabra.

Carlos: Oye, que soy tu padre.

Clara: Pero no mi jefe, así que no me des órdenes y devuélveme el libro.

Carlos: No.

Clara: ¡Papá!

Ana: Seguid discutiendo tranquilamente que yo abriré.

Carlos y Clara: Es su culpa-nos señalamos mutuamente.

Ana: Tal para cual-suspiró.

Le quité el libro a mi padre de las manos y le saqué la lengua mientras me ponía de pie.

Ana: Clara, tienes visita.

Clara: ¿Quién...?

Abrí los ojos mucho al ver aparecer a un Guillermo tímido detrás de mi madre.

Guille: Hola.

Solté el libro de cualquier manera y fui hacia él, dispuesta a sacarlo de la casa bajo la mirada atónita de todos.

Guille: Clara...

Clara: ¿Qué haces aquí?

Guille: Vengo a conocer a tus padres.

Clara: ¿Por qué?

Guille: Eso es lo que hacen los novios, presentarse a los padres.

Clara: ¿Cómo novios?

Guille: Clara, estás poniéndome muy nervioso con tantas preguntas. ¿Qué te ocurre?

Clara: Estoy muy nerviosa, nunca había estado en esta situación y, sinceramente, nunca me habría imaginado que vinieras a conocer a mis padres.

Guille: Pues los míos ya saben de ti y están deseando conocerte.

Abrí los ojos mucho y me noté sonrojar.

Guille: Pensé que sería buena idea, pero si no quieres...

Clara: No.

Puso una mueca y metió las manos en los bolsillos de sus vaqueros.

Clara: Es decir, no te vayas, puedes conocer a mis padres. Quiero que conozcas a mis padres.

Guille: ¿De verdad?

Clara: Aunque luego de conocer a mi padre puedas arrepentirte.

Guille: Ya Dani me ha advertido sobre él-rió.

Clara: Qué gracioso el peque.

Guille: Y Lucía me ha hecho un resumen bastante extenso sobre vuestros apodos.

Clara: Somos una familia demasiado extensa y nada centrada, espero que no quieras salir corriendo.

Guille: Solo si es en tu misma dirección.

Clara: Qué dulce-sonreí tierna.

Guille: ¿No merezco un beso?

Asentí y me puse de puntillas para darle un beso en la mejilla, pero al último momento, giró la cabeza y presionó sus labios sobre los míos. Nuestro primer beso.

Guille: Llevo un tiempo deseando poder hacer eso.

Carlos: Pues hasta que no hables conmigo no vas a poder repetirlo, muchachito.

Clara: Papá...

Ana: Pasad dentro.

Con un suspiro, le di la mano a Guille y entramos a la casa. Ni siquiera me dejaron sentarme al lado de mi novio, mis padres me sentaron entre ellos y él quedó frente a nosotros. Rodé los ojos, el primer acto estaba a punto de comenzar.

Carlos: ¿Qué intenciones tienes con nuestra niña?

Clara: No soy...

Ana: Sh, cariño, está hablando tu padre.

Clara: Mamá...

Carlos: Estoy esperando.

Guille: Tengo una hermana mayor y sé que para un padre ningún chico va a ser lo bastante bueno para su hija y que las intenciones que lleve tampoco van a ser las mejores, pero yo le aseguro que vengo sin nada oculto y que lo que siento por Clara no empezó hace tres días y tampoco se irá en tres más.

Esbocé una sonrisa emocionada y él se sonrojó. Era tan tierno. Miré a mis padres, que miraban a Guille sorprendidos, los había dejado sin palabras.

Clara: Papá, ahora somos nosotros los que estamos esperando.

Carlos: Pues...-Se aclaró la garganta.

Escuchamos la puerta, mi hermano acababa de llegar.

Javier: Hola-miró extrañado a Guille mientras lo saludaba-. ¿Qué haces aquí?

Guille: He venido a hablar con tus padres para salir formalmente con tu hermana.

Javier me miró con los ojos muy abiertos y una sonrisa pícara apareció en su cara. Negué con la cabeza en su dirección, pero no me sirvió de nada...

Javier: Clara tiene novio, Clara tiene novio-canturreó.

Mi padre soltó una carcajada y mi madre comenzó a cantar con mi hermano.

Me tapé la cara con ambas manos y sacudí la cabeza, tenía la teoría de que la locura de mi familia nacía en mis padres y que luego ellos se la habían pegado a los demás, porque esto no era normal.

----Narra Lucas----

Pasé a recoger a Nuria a su casa para ir a tomar algo con los chicos, hacía mucho que no estábamos todos juntos y nos apetecía una reunión.

Lucas: Hola, nena.

Nuria: Hola mi graciosillo.

Le di un beso y le cogí la mano para comenzar a andar mientras nos contábamos lo que habíamos hecho en los días que no nos habíamos visto. Al llegar a la cafetería, ya estaban todos esperándonos. Éramos muchísimos, tantos que habían tenido que unir tres mesas de las grandes para que pudiéramos sentarnos todos juntos. Por su puesto cada quien iba con su chico o chica, a excepción de Jesús que estaba solo y de Cristina que estaba sentada con un chico en otra mesa.

Nuria: ¿Por qué Cristina no se sienta con nosotros?

Dani: Ese no es su novio y en cinco minutos tiene que estar aquí o iré yo a por ella-gruñó.

Lucas: ¿Qué te pasa?

Lucía: No le gusta ese chico para su hermana.

Dani: Ese no va a tocar a mi hermana, me niego.

Lucas: Jesús, ¿por qué no vas tú a por ella?

Jesús: No nos hablamos, así que no pinto nada interrumpiendo su cita.

Julia: ¿Hasta cuándo vais a seguir así?

Jesús: Eternamente-se encogió de hombros-. Si vamos a hablar de esto me piro.

Rubén: ¿Pedimos?

Después de hacer nuestros pedidos, comenzamos a hablar entre todos de diversos temas y no me perdí las miradas furtivas que el pastelito le lanzaba a la pequeña. Estos dos críos...

Lucas: Podríamos darles la bienvenida a los nuevos a nuestra gran familia-llamé la atención de todos-. Debemos darles la bienvenida.

Nuria: ¿A qué te refieres?

Lucas: Una fiesta entre todos, nunca han participado en algo en lo que estemos los veinticinco juntos.

Clara: ¿Ya somos veinticinco?

Javier: Sí, hermanita.

Noa: Qué corte ¿no?-Marta asintió de acuerdo con ella.

Rubén: Si no habéis salido corriendo ya...-Se burló.

Julia: Cállate que Diego solo conoce a mis padres aún.

Dani: Pues muy mal, porque hay que presentar a toda la familia que somos una piña.

Clara: Un grupo de locos es lo que somos.

Lucas: Eso es cierto.

Lucía: Y nos hace únicos.

Julia: Únicos en nuestra especie, porque estamos como cabras.

Diego: Me estás asustando.

Nuria: Es menos de lo que hacemos parecer, también somos muy exagerados.

Guille: ¿Algo más que debamos saber antes de decidir si salir corriendo o no?-Rió.

Dani: Pues...

Clara: ¡Dani peque!

Dani: Soy solo Dani.

Lucía: Dani es tu padre, tú eres el pequeño Dani.

Dani: Y tú princesita.

Lucía: Lo sé.

Noa: Eso es otra cosa, no entiendo lo de los apodos, es tan... Es un lío.

Javier: Nuestros padres no podían llamarse por sus nombres y a nosotros nos toca cargar con ellos.

Lucía: Yo llevo con mucho orgullo el ser princesita.

Lucas: Tú no cuentas, hermanita, no eres normal.

Javier: Si lo fueras no estarías con Dani-Se burló.

Solté una carcajada y le choqué la mano. Había sido buenísimo, aunque al peque no le hiciera ni pizca de gracia.

Estuvimos una hora más bromeando y tratando de tranquilizar a los nuevos integrantes de la familia hasta que decidimos irnos.

Al salir de la cafetería, le pedí a Nuria que me esperara un momento y fui hacia la esquina, intentando que cierta personita no se me escapara.

Lucas: Espera.

Se giró y me miró un tanto extrañada.

Cristina: ¿No ha podido venir mi hermano por sí mismo?

Lucas: Él no sabe que he venido detrás de ti-me encogí de hombros-. Quiero decirte algo.

Cristina: ¿Qué?-Se cruzó de brazos.

Lucas: Cris, sé lo que significa no saber quién eres, que las hormonas te revolucionen hasta el punto de convertirte en un rebelde y hacerles pasar a los que están a tu alrededor un mal rato, pero piensa si merece la pena enfadarte con el mundo.

Cristina: Agradezco tu consejo filosófico desinteresado, pero no estoy enfadada con el mundo, simplemente he tenido una cita.

Lucas: Te he visto besarle-abrió los ojos mucho-. He conseguido distraerlos, pero Jesús no te quitaba el ojo de encima.

Cristina: Ese es el problema, no deja de mirarme pero ni siquiera me habla, me retiró la palabra hace cinco años.

Lucas: Sé de buena fuente que has intentado hablar con él, pero quizás lo que necesite sea que tú des el primer paso.

Cristina: No lo veo claro, pero te lo agradezco graciosillo.

Lucas: Piénsalo, pequeña, puede ser tu puente hacia la felicidad.

Cristina:¿Estar con Nuria te ha vuelto un romántico o ya venías así de serie?

Lucas: Vengo así de serie-le guiñé un ojo-. Ven aquí, anda.

Sonrió y aceptó mi abrazo, la mecí un poco y le di un beso en la coronilla antes de soltarla.

Cristina: Gracias por esto, lo necesitaba-me sonrió mientras nos separábamos-. Pero no puedo esperar toda la vida a que se decida a dar el paso, debo continuar mi camino y si nuestro destino no es estar juntos, mientras antes lo asuma, antes conseguiré superarlo. Nos vemos.

Me dio un beso en la mejilla y siguió calle abajo.

Nuria: Qué tierno te ves haciendo de primo.

Me giré a verla y la miré interrogante.

Lucas: No hacía de primo, sino de amigo.

Nuria: ¿Tan mal están?

Lucas: Él no termina de dar el paso y ella parece buscar sustituirlo-negué con la cabeza-. Supongo que algún día acabarán por arreglarlo por ellos mismos.

Nuria: Son los pequeños de la familia, nosotros ya estamos escribiendo nuestras historias, ahora hay que dejar que ellos empiecen las suyas.

Lucas: Eres muy sabia-la abracé-. Y te quiero.

Nuria: Yo también te quiero mi graciosillo preocupado.

Reí y bajé mis labios hacia los suyos por un beso, mi niña tenía razón, cada quien escribe su historia cuando se siente preparado y con quién se siente preparado.

Lucas: Tengo una gran noticia.

Nuria: ¿Qué es?

Lucas: He acabado de mudarme, cuando quieras puedes ir a verlo.

Nuria: ¿Me invitarías a cenar para inaugurarlo?

Lucas: Cuando mi niña desee.

La volví a besar y pusimos rumbo a mi apartamento a celebrar que estábamos juntos, que nos queríamos y éramos felices.

**
Bueno... Tengo una aclaración que hacer. Después de leer, releer, estudiar y decidir, me he dado cuenta de que solo queda un capítulo para el final. Sí, mis pequeños están preparados para decir adiós y yo... No tanto, pero necesito dejarlos ir.

Una vez alguien me propuso hacer segunda parte de esta secuela, después de haberlo pensado mucho, he decidido que aquí me quedo, quiero avanzar en mis otras historias y está ya ha llegado a su adiós definitivo.

Me queda un capítulo que solo tengo que editar, el epílogo y, si os gusta la idea, ir publicando de vez en cuando algunos extras sobre ellos, por si os da curiosidad saber qué ocurre después del final. Espero vuestra opinión.

Un beso enorme y gracias por todo!!

miércoles, 12 de abril de 2017

Destinados al Mismo Camino, Capítulo 28:

----Narra Rubén----
Después del gran almuerzo por el cumpleaños de Nuria, me senté en el escalón del porche con un suspiro, esperando tener un momento de intimidad, pero en apenas cinco segundos me vi rodeado por los chicos.
Lucas: Se supone que el solitario es Javier, a ti te corresponde pastelito-se burló.
Javier: No eres gracioso.
Rubén: Podría ser solitario si me dejarais estar un rato solo.
Dani: ¿Mal de amores?
Rubén: Es probable.
Jesús: Es imposible que podamos ayudarte si no te dejas.
Rubén: Tal vez no quiera ayuda.
Jesús: Y así te va.
Javier: ¿Qué es lo que pasa?
Rubén: Estoy estancado en mi vida amorosa y mi hermanito cree que es Cupido o algo así.
Jesús: Y tú idiota.
David: Si vuelvo a oíros insultaros, os la vais a cargar.
Rubén: Ya no somos niños.
David: Pero yo sigo siendo vuestro padre.
Blas: Nunca pensé que le oiríamos tan serio.
Álvaro: Yo tampoco-se rió.
David: ¿Alguien puede contarme qué es lo que le pasa a mi hijo mayor?
Lucas: Somos incapaces de sacarle nada.
Rubén: Es una tontería.
Carlos: Nosotros no nos preocupamos por tonterías, siempre que lo hacemos es por algo serio.
Suspiré y me pasé una mano por el pelo, estaba claro que hasta que no les contara algo no me dejarían tranquilo.
Rubén: Es por Marta.
Dani: ¿Tu ex?
Rubén: En realidad nunca lo dejamos-me encogí de hombros-. Discutimos por algo en lo que no coincidimos y no hemos vuelto a ser los mismos del principio... Es como si estuviésemos por el simple hecho de estar.
David: ¿Te ha dicho ella algo al respecto?
Rubén: No, pero eso no quiere decir que no piense.
Dani P: Hay que tener cuidado cuando las mujeres piensan.
Carlos: Y con lo que piensan-rió.
Javier: ¿Qué os pasó?
Rubén: Me asusté, ella quería dar un paso más formal para nuestra relación y salí huyendo.
Lucas: ¿Qué te pidió?
Puse una mueca y desvié la mirada, no quería decir aquello, era demasiado vergonzoso para mi orgullo.
Carlos: Visita a los padres.
Le miré con los ojos muy abiertos, había dado en el clavo y no parecía burlón.
Carlos: Me pasó exactamente lo mismo-se sentó a mi lado-. Era un mundo para mí el tener que hablar con los suegros, el dejar que nos conozcan es como exponer tus defectos porque nunca vas a ser lo suficientemente bueno para su niña.
Rubén: Es como dejarles ponerle cara a todo lo malo que le ocurra aunque no tengas nada que ver.
Carlos: Es la prueba de fuego en su confianza, yo fallé estrepitosamente.
Rubén: He creado un abismo entre los dos y no sé cómo arreglarlo.
Carlos: Sólo hay una solución, hazme caso, no se va a arreglar solo ni ella va a pedírtelo de nuevo.
Rubén: Soy demasiado cagón para eso.
Javier: Entonces acabarás perdiéndola, se cansará de esperar a que des el paso y se irá en busca de alguien más que se lo dé sin pensarlo dos veces.
Álvaro: Los solitarios están hoy de lo más filósofos-se burló haciéndonos reír.
David: Ahora en serio, piensa bien si ella es a quien quieres en tu futuro y haz algo antes de que sea tarde.
Mireya: ¡Nuria, Marta está en la puerta!
Jesús: Las segundas oportunidades existen-me dio un codazo.
Y no me lo pensé, me levanté como un resorte y entré a la casa.
Nuria y Marta hablaban en la entrada de la casa, por lo que me quedé rezagado a esperar a que terminaran antes de ir hacia ellas.
Rubén: Hola.
Nuria: Voy para afuera, gracias por tu regalo, Marta-le dio un abrazo y fue hacia el porche.
Marta: He venido a traerle su regalo.
Rubén: Lo siento.
Marta: ¿Por qué?-Me miró sorprendida.
Rubén: Por ser un cobarde, me asusté cuando dijiste que podría conocer a tus padres-bajé la mirada-. Me dio miedo que no les gustara para ti.
Marta: A quien tienes que gustarle es a mí.
Rubén: Te quiero, Marta.
Marta: Yo también te quiero, pero...
Rubén: Estamos encajonados.
Marta: Sí-suspiró.
Rubén: Hay una forma de salir de ese cajón en el que nos he metido.
Marta: ¿Cuál?
Rubén: Es una prueba, si después no sales corriendo, estoy seguro de que estaremos juntos para siempre.
Marta: Siempre es mucho tiempo.
Rubén: Para estar contigo nunca es demasiado-tomé su mano con la mía-. Ven conmigo.
Marta: No estoy invitada.
Rubén: Al ser mi novia tienes el deber de ir a donde yo vaya.
Marta: Pero es muy precipitado.
Rubén: En esta familia las noticias vuelan como la pólvora, ya todos deben saber que hemos hablado y que es probable que vuelva a salir contigo.
Marta: Estoy muy nerviosa y no voy arreglada.
Rubén: Solo tenemos una norma: si haces feliz a uno de los miembros de nuestra familia eres totalmente bienvenida-acaricié una de sus mejillas-. Así que bienvenida a mi loca y gran familia.
La acerqué a mi por la nuca y la besé. Al separarme de ella, le sonreí y tiré de su mano en dirección al jardín trasero de la casa de Blas y Mireya. Marta estaba muy cohibida y me daba la sensación de que quería esconderse detrás de mí. Una vez en el jardín llamé la atención de todos los presentes, nada más y nada menos que de veinte personas.
Rubén: Familia quiero presentaros a Marta, mi novia.
Mi chica se sonrojó violentamente mientras mis tíos y primos la saludaban.
David: Bienvenida a la familia, encantado de conocerte-le sonrió.
Mayte: Por fin una nena-la abrazó-. Espero que pases por casa y podamos hablar, eres muy bienvenida a nuestras reuniones de chicas.
Rubén: Mamá, no la atosigues.
Mayte: Ese es el menor de tus problemas, cariño, mejor preocúpate de que no te avergüence delante de ella-le guiñó un ojo a Marta, haciéndola reír.
Rubén: ¡Mamá!
Y mi madre volvió a abrazarla murmurando lo muy feliz que estaba de tener una chica en casa por fin.
----Narra Javier----
Después de lo ocurrido entre Rubén y Marta en el cumpleaños de Nuria no pude dejar de darle vueltas a lo que mi padre había dicho, me parecía a él más de lo que creía...
Aunque tal vez a mí me ocurriera lo que a David, no quería reconocer que me había enamorado de Noa.
Necesitaba consejo, pero en ese momento el único que se encontraba en el estudio de grabación era Blas, así que me guardé la vergüenza en el bolsillo y fui hacia él.
Blas: ¿Ya te vas?
Javier: Aún no, tengo que ver algunas cosas con Magí.
Al final conseguí trabajo con el nuevo mánager de Auryn, era prácticamente un becario, pero lo que me pagaban me daba para pagarme la carrera de música, que era lo que más me gustaba.
Blas: Yo casi me voy, pero si quieres te espero y te dejo en casa.
Javier: Te lo agradecería-reí-. Además, me gustaría pedirte consejo.
Blas: Claro, ¿es sobre música?
Javier: Sobre chicas.
Blas: Has estado dándole vueltas a lo que dijo tu padre el otro día, ¿me equivoco?
Javier: Para nada... No le he dicho nada porque en realidad a mí me pasa más como a David, no he querido reconocer que estaba enamorado hasta ahora y no sé qué paso seguir.
Blas: Si no recuerdo mal, él besó a Mayte para asegurarse de lo que sentía.
Javier: Yo ya la he besado.
Blas: ¿Después de reconocer tus sentimientos?-Negué con la cabeza-. ¿Por qué no pruebas a hablar con ella? Si siente lo mismo por ti que tú por ella volveréis a estar juntos.
Javier: ¿Sabes sobre quién hablo?
Blas: Las chicas no han dejado de decir lo tonto que has sido al dejar a Noa.
Javier: Esta familia es tan famosa por los cotilleos como por lo grande que es.
Él rió y me hizo una seña, me giré y vi pasar a Noa por la puerta.
Me despedí de él rápidamente y corrí por el pasillo para poder llegar hasta ella antes de que se fuera.
Javier: ¡Noa!
Ella se detuvo y se giró a mirarme extrañada.
Noa: ¿Ya no quieres evitarme?
Javier: Tengo que hablar contigo.
Noa: Y yo mucha prisa.
Javier: Por favor, voy a intentar quitarte el menor tiempo posible.
Noa: Está bien-suspiró.
Entramos a uno de los despachos y cerré la puerta para tener más intimidad.
Noa: ¿Qué necesitas?
Javier: A ti.
Noa: ¿Cómo?
Javier: No te dejé porque no consiguiera sentir nada por ti, sino todo lo contrario.
Noa: Espera un momento porque creo que no estoy entendiendo nada-soltó lo que tenía en las manos sobre el escritorio y se echó el pelo hacia atrás-. ¿Qué estás queriendo decirme?
Javier: Hasta que descubrí que la música era a lo que quiero dedicarme y que es lo que realmente me gusta pensaba que mi existencia era nula, que simplemente no servía para nada-puse una mueca-. Quizás mi existencia no tenga mucha importancia pero he descubierto que encontrar lo que me gusta sin poderlo compartir con alguien no tiene sentido.
Noa: Tienes una familia enorme y amigos con los que compartir lo que quieras.
Javier: El problema está en que solo quiero compartirlo contigo.
Noa: ¿Por qué?-Se abrazó a sí misma.
Javier: Por el simple hecho de que estoy enamorado de ti-le acaricié una de las mejillas-. No sé expresar demasiado bien mis sentimientos pero no quiero negar más lo que siento por ti.
Noa: ¿Por qué has tardado tanto?-Me miró emocionada.
Javier: Soy un troglodita, ¿recuerdas?-La rodeé con mis brazos-. Te quiero, Noa.
Noa: Yo también te quiero, mi troglodita-se puso de puntillas para rodearme el cuello.
Sonreí y bajé la cabeza para besarla, pero alguien abrió la puerta y nos interrumpió.
Magí: Os veo entretenidos-se echó en el marco de la puerta con los brazos cruzados.
Noa: Puedo explicarlo, además que solo estábamos abrazados-me soltó y se acercó a su tío.
Magí: Uno, estabais encerrados en mi despacho; dos, eso era más que un simple abrazo y tres, prefiero que me lo explique él-me señaló.
Javier: Soy tu becario, el hijo de Carlos Pérez Marco, un chico al que le cuesta abrirse con los demás y puede que demasiado poco comparado con lo que Noa se merece, pero lo que siento por tu sobrina es algo serio y sincero-di un paso adelante y abracé a mi chica que me miraba asombrada-. Pensaba hablar contigo y con tu hermana y llevarla a conocer a mi loca familia.
Magí: Justo lo que quería oír-sonrió-. Tomaros la tarde libre, anda.
Agradecimos y salimos del estudio dados de las manos hasta detenernos en un parque cercano y nos sentamos a la sombra de un árbol.
Noa: Si estamos saliendo formalmente esta vez, quiere decir que tendré un mote ¿no?
Javier: ¿Cómo sabes eso?-La miré curioso.
Noa: Hice que Nuria y Lucía me lo explicaran después de que se pusieran a hablar sobre peques y pastelitos delante de mí.
Javier: Están obsesionadas con que sigamos usando los sobrenombres que se pusieron nuestros padres cuando se hicieron novios.
Noa: ¿De verdad nos toca solitarios?
Javier: Podemos usar los nuestros propios-la abracé por la espalda.
Noa: ¿Quieres que te llame troglodita delante de toda tu familia?
Javier: Preferiría que fueras más cariñosa, enana.
Noa: ¿Voy a ser enana?
Javier: Pequeña está usado, así que es eso o chiquitina.
Noa: ¿Por qué tiene que ser en relación con mi estatura?-Se giró a mirarme.
Javier: Es obvio-reí y ella me dio un golpe en el hombro-. Auch, bruta.
Noa: ¿Te molestaría que te dijera gordo, gordi o gordito?
Javier: No vivo acomplejado con mi cuerpo, eso es para vosotras.
Noa: Eres un payaso.
Javier: Error, el graciosillo es Lucas.
Noa: Me va a costar horrores aprenderme cómo os llamáis en vuestra familia.
Javier: Lucía es la única que nos llama por motes, los demás solemos hacerlo por nuestros nombres-le di un beso en la mejilla-. Acepto que me llames como mejor te parezca.
Noa: ¿Y eso por qué?-Me miró curiosa.
Javier: Porque eres mi chica.
Y la besé. Noa sonrió y se volvió para poderme devolver el beso.
El solitario había aprendido la lección y ya no quería estar por su cuenta nunca más.
****
Bueno, teniendo en cuenta que estoy escribiendo desde el teléfono, que haya tardado más es cosa normal...
Siento el retraso muchísimo, pero estoy acabando mi FP y no me da la vida con el trabajo de por las tardes.
Os estaréis dando cuenta de que cada vez quedan menos capítulos para el final, pero hay sorpresa: ¡cada pareja tendrá también su final! Así que no es un final inmediato.
Espero que os haya gustado y no tardar tanto para el siguiente. Gracias por estar aún por aquí. Besos!!

jueves, 3 de noviembre de 2016

Destinados al Mismo Camino, Capítulo 27:

Unos años después...
----Narra Julia----
Me agaché con mi cámara en la mano y ajusté el enfoque antes de disparar para hacer una foto a un pájaro levantando el vuelo después de haber bebido agua en un charco.
X: Sólo hay algo más bonito que esa imagen que acabas de capturar-rodé los ojos mientras me levantaba, recitando la frase en mi cabeza de memoria-: Tú.
Julia: ¿Por qué no cambias de frase para variar?-Me giré hacia él, desganada- Esa la tengo muy masticada y ya no me la trago.
Dylan: Por favor, Julia, no seas tan dura conmigo, rompes mi corazón-esbozó un puchero tan falso como su supuesto amor por mí.
Julia: Quisiera romperte la cabeza contra una piedra, pero sé que es delito, así que me aguanto. Haz tú lo mismo y esfuérzate por ignorarme en estas dos semanas que quedan antes de que dejemos de vernos las caras, por favor.
Dylan: Pídeme lo que quieras, menos que deje de tratar de conquistarte, es una misión imposible para mí.
Julia: Pues mucho me temo que serás un chico con el corazón roto toda tu vida, porque no me interesas en lo más mínimo.
En cuanto oí la voz del profesor llamarnos, suspiré de alivio y corrí con mis cosas hacia mis compañeros que ya comenzaban a agruparse para poder subirse al autobús.
Diego: He visto a Dylan ir contigo, ¿te ha molestado?
Julia: No te preocupes, ya puedo soportarlo sin querer lanzarle lo primero que tenga a mano, después de contar hasta cien, claro-reímos.
Después de deliberar mucho, me había planteado hacer un curso de fotografía ya que era algo que me gustaba bastante aunque siempre había mantenido en un segundo plano, pero al final, después de acabar el bachillerato, me había decidido por un ciclo formativo de fotografía y estaba bastante contenta, a excepción de las intromisiones de Dylan, por supuesto.
No era un mal chico, pero sí bastante pesado, durante el curso, y desde que me había conocido, no paraba de perseguirme e intentar algo conmigo, tengo que confesar que lo intenté. Pero me duró dos días el enamoramiento por él, no tenía madera de príncipe azul, sino de tirano y para las relaciones era un asco, así que le terminé y ahí estaba, intentado que le diera una nueva oportunidad.
Negativo, amigo, no tropiezo dos veces con la misma piedra.
Al llegar al instituto, nos bajamos del autobús y Diego y yo caminamos juntos para volver a casa.
Diego: Han estrenado una película nueva que parece buena, ¿te apetecería venir a verla conmigo?
Julia: Claro-le sonreí-. Pero debe ser el domingo, mañana tengo comida familiar y esta tarde es imposible.
Diego: Claro, nos vemos el domingo aquí mismo.
Julia: Genial, nos vemos.
Nos despedimos con un beso en la mejilla y tomamos caminos separados en el cruce. Seguía siendo inseparable con Clara, pero desde que estudiábamos en centros distintos y cosas diferentes, nos veíamos menos y nos mensajeábamos más. Conocí a Diego en los primeros días de clases y nos habíamos hecho inseparables por la cantidad de cosas que teníamos en común, como por ejemplo, nuestro amor por la fotografía. Se había convertido en mi mejor amigo y en clase siempre estábamos juntos, razón por la que algunos compañeros nos llamaban los inseparables.
Al llegar a casa, comí con mis padres comentándoles qué tal me había ido en la excursión al campo y algunos detalles sobre la comida del día siguiente por el cumpleaños de David. ¡Nos hacíamos mayores!
En la comida, después de la tarta y los regalos, las chicas hicimos una piña para poder cotorrear entre nosotras, hacía mucho que no cotilleábamos y lo echaba de menos.
Nuria: Parece que al que más centrado se le ve es a Javier, ¿quién lo diría no?
Lucía: Eso es porque está estudiando música y ha descubierto que es su pasión, es una lástima que al final no cuajara lo suyo con Noa.
Julia: ¿Al final se ha dado por vencida?
Después de mucho insistir, Noa consiguió que Javier le diera una oportunidad, pero duraron muy poco, hasta que Javier entró en la universidad y comenzó a estudiar música. Era lo que le apasionaba y parecía que no existía nada en el mundo aparte de su vocación.
Lucía: No del todo, por lo que me ha contado ella, le está dando su tiempo y espacio para que se concentre en lo que ama ahora que lo ha encontrado, pero no piensa dejarse olvidar tan fácil, creo que se ha enamorado de él en serio.
Nuria: Esa chica bebe los vientos por él desde que le vio por primera vez, creo.
Judith: ¿De qué hablan nuestras princesas?-Las cinco se sentaron con nosotras.
Clara: Creemos que estamos comenzando a vivir nuestras historias, como vosotras lo hicisteis.
Mireya: ¿Podéis contárnoslo?-Preguntó pícara-. Alejandra, quédate quieta, por favor.
La pequeña hermanita de Nuria, a sus tres años era un terremoto, no paraba quieta y siempre estaba de un lado al otro.
Julia: Bueno, la relación de la princesita con el peque va viento en popa, la del graciosillo y la nenita, igual, solo faltamos las pequeñas.
Clara: Creo que yo he encontrado a mi príncipe azul...
Julia: ¿Y cuándo pensabas contármelo?
Todas rieron y yo me sonrojé un poco.
Clara: Es que aún no es seguro, solo nos estamos conociendo.
Ana: Pero da detalles, cariño, todas queremos saberlo.
Clara: Se llama Guillermo y nos conocimos en el instituto hace algunos años... Hemos vuelto a coincidir porque está estudiando administración y finanzas en el mismo instituto que yo.
Ana: ¿Es de tu edad entonces?
Clara: No... Suspendió la selectividad así que entró a un módulo superior de informática y ahora está con el de administración.
Lucía: ¿Tú eres la Clara de la que Guille no deja de hablar?
Mi hermana tenía sus ojos muy abiertos y todas la miramos sorprendidas... ¿Cómo sabía ella de quién estaba hablando Clara?
Clara: ¿Cómo?
Lucía: Es el mejor amigo de Dani, a veces voy con ellos y él habla mucho de una chica que ha conocido este año en el mismo centro al que él va y... Al escucharte acabo de acordarme.
Cristina: ¡Te gusta el rarito!
Mayte: ¿Por qué le llamas así?
Ana: Dime que es un chico normal, por favor, aunque sea mentira.
María: ¿Recuerdas cómo le decía mi pequeña a Carlos?
Ana: ¿Carlitos?
Cristina: Fue mi amor platónico cuando tenía siete años, ¿vale?-Se sonrojó violentamente- Y como tenía el mismo peinado que el tío Carlos, ese de corto por detrás y el flequillo por la frente, pues me acordé de Carlitos, pero como el chico se llama Guillermo, me sonó genial llamarle rarito y me pegaba a él como una lapa cada vez que iba a casa a jugar con mi hermano.
Clara: No me lo puedo creer-soltó una carcajada.
Cristina: Intenta no recordárselo, por favor.
Clara: Prometo intentarlo.
Cristina: ¡Clara!
Lucía: Es divertido conocer a la chica que bebía los vientos por tu chico-rió.
Nuria: Eso lo dices porque Dani no tiene.
Judith: ¿No? ¿Estás segura de eso?
Julia: Lucía siempre ha estado coladita por Dani y ahora ha conseguido hacer realidad sus sueños.
Lucía: Muy graciosa, hermanita.
Judith: Pero es cierto.
María: Yo te entiendo, nuera, me pasó lo mismo.
Mireya: Qué va-ironizó-. Recuerdo la que liaste cuando pensabas que él no te quería.
María: Mala amiga-le dio un golpe leve en el brazo.
Alejandra: ¡Papá!
Mireya la soltó y la pequeña corrió hasta encontrar a su padre.
Mireya: Me doy por vencida, mis hijas adoran a su padre y solo quieren a su madre para la hora de la comida.
Judith: Las niñas son padreras, ¿qué le hacemos?
Mayte: Yo tengo suerte, mis chicos siempre van conmigo.
María: Entonces las niñas ya están buscando a sus príncipes azules.
Nuria: Nosotras ya los tenemos-se señaló y señaló a mi hermana.
Cristina: Yo no quiero saber nada-alzó las manos y miró hacia otro lado.
El tema de Cristina y Jesús aún era espinoso, las cosas volvían a ser amenas dentro de nuestra gran familia, pero los más pequeños no se trataban demasiado.
Judith: ¿Mi princesita menor también tiene a su príncipe ya?
Julia: Desde el sapo de Dylan no he vuelto a mostrar interés en el sexo opuesto, por ahora sólo trato con Diego y porque es mi mejor amigo.
Clara: Gracias-se hizo la ofendida.
Julia: Desde que entré al curso paso más tiempo con él en clase, no he podido evitarlo-me encogí de hombros-. Además, es tierno, agradable, cariñoso y se preocupa siempre por mí. En clase nos llaman los inseparables porque decidimos que hacemos buen equipo en los trabajos en grupo y siempre vamos juntos.
Lucía: Me parece que estoy escuchando algunas campanas...
Julia: Quizás sea porque Blas está a punto de matar a tu príncipe azul.
Lucía: ¿Qué?
Le hice una seña y todas exclamaron, incluso Mireya se puso en pie y salió corriendo hacia Dani.
Mi cuñado no tenía otra cosa que hacer que ponerse a jugar con Alejandra tirándola hacia arriba y luego atrapándola y corriendo con ella en brazos.
Cristina: Alguien está en problemas...
Reímos por lo bajo viendo la regañina que se llevó el rubio por jugar de aquella manera con Alejandra.
A la tarde siguiente, después de una ducha, me puse unos vaqueros ajustados y una camiseta de manga corta que me llegaba por encima del ombligo, me calcé mis Nike y me recogí el pelo en una coleta alta, después me delineé los ojos, me puse un poco de colorete y me pinté los labios en rosa claro. Como mi hermana estaba en el piso de abajo, corrí hacia su habitación para robarle el rímel sin que se diera cuenta, pero me pilló.
Lucía: Te has puesto muy guapa para salir con un chico.
Julia: Voy a salir con mi mejor amigo-le saqué la lengua.
Lucía: Diviértete y haceros una foto para que pueda conocerle.
Julia: Petarda-le di un beso en la mejilla y fui a por mi bolso para irme-. Hasta luego, papá.
Álvaro: Ten cuidado, princesita.
Julia: Claro, chao mamá.
Judith: No llegues muy tarde.
Álvaro: Toque de queda a las diez, mañana hay clase.
Julia: Antes de las diez estaré aquí.
Abrí la puerta y me topé con mi hermano todo sudado y su equipación de fútbol.
Lucas: Vaya, si hasta te has perfumado y no veo a Clara por aquí... ¿A dónde se escapa la princesita?
Julia: Al cine con mi amigo, luego te veo, feo.
Lucas: ¿Y mi beso?
Julia: Para la próxima si no estás todo sudado.
Reí por su cara y corrí para salir de allí antes de que me entretuvieran más, no quería llegar tarde. Llegué justa y Cristian ya me estaba esperando en el cruce. Estaba apoyado en una farola con un pie cruzado por delante del otro, llevaba una camisa lisa en color celeste remangada hasta el codo, unos vaqueros ajustados de color negro y unas Adidas. Llevaba el pelo desordenado y, por primera vez, me fijé en lo guapo que era.
Saqué mi teléfono y le hice una foto de forma discreta, mientras él seguía distraído con su teléfono, y se la mandé a mi hermana. Después, me acerqué a él y le saludé, nos dimos un beso en la mejilla y nos pusimos rumbo al centro comercial hablando sobre la película que veríamos.
Aproveché que llegamos temprano para entrar al baño y mirar mi teléfono, mi hermana le daba el visto bueno. Sonreí, guardé el teléfono y volví con mi amigo.
Casi dos horas después, salimos entre risas y comentarios, la película había sido bastante buena y nos había gustado mucho, comenzamos a hacer planes para ir otro día a ver cualquier otra que pudiera ser de nuestro agrado.
Diego: ¿Te da tiempo a cenar?
Julia: Claro-le sonreí.
Me invitó a cenar en uno de los locales de comida rápida y estuvimos hablando sobre el proyecto final del curso que había que entregar en dos semanas antes de acabar nuestro primer año. Luego me acompañó hasta mi casa y, cuando iba a despedirme de él, me cogió la mano.
Julia: ¿Qué te pasa?
Diego: Perdóname por lo que voy a hacer.
Julia: ¿Qué...?
Pero no me dio tiempo a preguntar nada, mi mejor amigo me besó y luego salió corriendo. No me dio tiempo a asimilar nada y me quedé allí, de pie con la mente en blanco y los ojos muy abiertos. Cuando reaccioné, entré en casa, saludé a todos y subí hasta mi habitación para cambiarme. Estuve dando vueltas como un león enjaulado hasta que no aguanté más y entré a la habitación de mi hermana, que estaba estudiando.
Julia: Siento interrumpirte, pero necesito consejo... Y ayuda.
Lucía: ¿Qué ha pasado, cariño?
Julia: Mira, este es Diego-le enseñé la foto que nos habíamos hecho mientras cenábamos.
Lucía: Es guapísimo, hermanita-me sonrió, pero frunció el ceño cuando vio mi cara-. ¿Qué pasa?
Julia: Lulú...-suspiré- Me ha acompañado hasta la puerta de casa y, cuando iba a despedirme de él, me ha pedido perdón antes de besarme y salir corriendo.
Lucía: ¿Qué?
Julia: Sí... Y no sé qué hacer.
Lucía: ¿Qué has sentido cuando tu mejor amigo te ha besado?
Julia: Ése es el problema, Lu, no lo sé. Me ha pillado muy de improvisto y se supone que tu mejor amigo no debe besarte. ¿Qué hago ahora? No sé cómo voy a mirarle o a hablarle mañana.
Lucía: Tranquila, enana, tú no tienes que avergonzarte de nada, ha sido él quien te ha besado. A no ser que...
Julia: ¿Qué?
Lucía: Mira, en estos casos ocurre una de dos cosas, la primera es que la amistad se rompa porque una de las dos partes no sienta lo que el otro siente, la segunda es que estés confundida porque también te gusta él a pesar de que nunca te lo hayas planteado.
Julia: ¿Y cómo lo sé?
Lucía: En cuanto le veas mañana, tu corazón te lo va a decir.
Julia: ¿Seguro?
Lucía: Antes de decidirme a darle la oportunidad a Dani, tuve una charla con papá, él descubrió que me pasaba algo y me dio un consejo: escúchate a ti misma. Todos podemos darte consejos, pero sólo...
Álvaro: Debes escuchar lo que tu corazón diga que quiere, eres la única responsable de escoger tu felicidad.
Miré a mi padre con los ojos muy abiertos.
Álvaro: Venía a daros las buenas noches y no he podido evitar escuchar-se sentó en la cama con nosotras-. Me quiero negar a ver que mis princesitas están creciendo y empiezan a hacer sus vidas separadas de mí, pero no puedo evitarlo, así que me conformo con ver que lo hacéis felices y escogiendo vosotras mismas vuestros caminos.
Lucía: ¿Qué hay de Lucas?
Álvaro: Bueno, él prefiere escuchar a su mami y tiene las cosas más claras de lo que me esperaba, la verdad.
Julia: Se parece a su padre, siempre decidido y escogiendo lo que es correcto.
Álvaro: Yo también me he equivocado, cariño, nadie es perfecto y si lo fuéramos todo sería muy aburrido. Tenéis que tropezar y caeros, pero solo vale seguir adelante si sois capaces de levantaros.
Lucía: Él me ayudó a empezar mi camino, ahora te toca a ti escoger.
Álvaro: Descansa, cuando mañana te despiertes, verás las cosas de otra forma.
Nos dio un beso en la frente a cada una y salió del dormitorio. Adoraba a mi padre, era mi héroe.
Me despedí de mi hermana y entré a mi habitación. No dormí mucho aquella noche y, por la mañana, me esforcé más de lo común en mi apariencia. Me puse unos vaqueros ceñidos en verde y mi camiseta favorita, era suelta y con un hombro caído, de manga corta. Me puse unas converse a juego con la camiseta, me dejé el pelo suelto, con todas mis ondas y me maquillé levemente, un poco de rímel, corrector para las ojeras y brillo de labios.
Por primera vez me detallé frente a un espejo. Es cierto que Lucía era clavada a mi madre pero con los ojos verdes de mi padre y Lucas igual a mi padre con los ojos de mi madre... Sin embargo, yo era una mezcla de ambos. Tenía los ojos, la figura y las ondas en el pelo de mi madre, pero la cara, la altura y el color de pelo de mi padre. Era un combinado y llegué a sentirme un poco acomplejada por no parecerme sólo a uno de los dos. Aquel día fue todo lo contrario, me sentía bien conmigo misma. Inspiré hondo, recogí mi mochila y bajé para poder desayunar.
Después de lavarme los dientes, salí a la calle y fui hasta el cruce donde siempre me encontraba con Diego, pero esa mañana no estaba allí esperándome. Me puse rumbo yo sola hacia el instituto y le vi por los pasillos.
Cogí aire de forma temblorosa y tomé una decisión, no decidiría nada hasta que le viera frente a frente.
Saludé a los compañeros que me iba encontrando por el pasillo y, cuando entré en el pasillo específico para mi ciclo formativo, mi mirada se encontró con la de él. Mi mejor amigo bajó la cabeza y no volvió a mirarme y entonces tomé la decisión más grande de mi vida hasta aquel momento.
Mi corazón latía a mil por hora, pero estaba muy segura de lo que iba a hacer. Caminé hasta él y dejé caer mi mochila junto a sus pies.
Julia: No sabía que fueras tan cobarde.
Diego: Yo...
Julia: ¿Vas a volver a salir corriendo?-tiré del cuello de su camiseta e hice que se inclinara hacia mí.
Diego: ¿Por qué lo preguntas?
Su respiración tembló y aquella fue mi señal, me puse de puntillas y estampé mis labios en los suyos.
Al separarnos, me di cuenta de que él tenía sus manos en mi cintura y me miraba bastante sorprendido.
Julia: ¿Ves como es fácil no salir corriendo después?
Boqueó varias veces antes de negar con la cabeza con una sonrisa divertida.
Diego: Eres una tramposa-me dio un pequeño beso.
Julia: ¿Y ahora qué?
Diego: Ahora tengo el derecho de partirle la cara a Dylan si se atreve a intentar algo contigo.
Julia: El derecho y el deber-crucé mis brazos detrás de su cuello.
Diego: Te lo tomo al pie de la letra.
Julia: ¿Y vas a salir conmigo como más que amigos?
Diego: Pensaba que nunca me lo pedirías-se burló.
Julia: Idiota-le di un golpe en la nuca.
Diego: Gracias por no dejarme huir del todo.
Julia: No quiero perderte, eres demasiado importante para mí.
Volvió a besarme y nos separamos cuando escuchamos al profesor para poder entrar en clase.
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2/2
El final está muy cerca!! ¿Qué opináis? Espero vuestros comentarios y votos!!